La hidratación es un componente esencial de tu entrenamiento, ya que no sólo
permite reponer las pérdidas de fluidos y electrolitos, sino que puede
favorecer tu rendimiento
deportivo si te hidratas
adecuadamente, antes, durante y después del entrenamiento.
Habitualmente, la hidratación se prioriza tras el esfuerzo
físico, pues es en este momento en donde la persona experimenta la sensación de
sed y siente las pérdidas ocasionadas por el trabajo a través del sudor.
Asimismo, durante la ejercitación, por cuestiones de tiempo o por no
interrumpir la actividad física, se desprestigia la hidratación y olvidamos que si bebemos líquidos durante el
entrenamiento nuestro rendimiento físico no se deteriorará.
Nuestro cuerpo requiere de un correcto balance hídrico y debido
a que durante la ejercitación la pérdida de agua se incrementa para tratar de
disipar el calor en forma de sudor, es preciso hidratarse para no reducir el
rendimiento físico.
Cuando falta agua, el rendimiento disminuye y peor aún, si lo
que se pierde tras un largo tiempo de sudor son minerales, como el potasio y el magnesio,
ya que comienza a manifestarse una debilidad muscular, fatiga y hasta calambres
musculares a causa de la falta de dichos minerales en el organismo.
Hasta la más mínima deshidratación produce cambios fisiológicos
que pueden alterar el rendimiento deportivo, ya que por cada litro de agua que
se pierde aumenta en 8 pulsaciones el ritmo
cardíaco por minuto y la temperatura
corporal aumenta en 0.3ºC por
minuto, lo cual se traduce en mayor esfuerzo, más estrés y menor rendimiento.
Asimismo, una pérdida significativa, como puede ser un 2% del
peso corporal en agua puede significar una reducción del 20 al 30% en el
rendimiento.